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Mes de la ciberseguridad: el panorama de la suplantación de identidad

La suplantación de identidad se ha consolidado como el fraude de mayor crecimiento en el entorno virtual, transformando la información personal y empresarial en el blanco principal de los estafadores. Ante este panorama, durante el mes de octubre se promueve el Mes de la Ciberseguridad por iniciativa del Departamento de Seguridad Nacional de EE. UU. (DHS) y la National Cybersecurity Alliance (NCA), promoviendo el mensaje de no ponérselo fácil a los ciberdelincuentes mediante hábitos cotidianos que marquen la diferencia entre navegar protegidos o convertirnos en víctimas de un delito cibernético.

1. Casos reales: así funciona el fraude en el mundo y en Colombia

La magnitud de esta ola de fraudes se evidencia en operaciones reales donde autoridades internacionales lograron desmantelar la red del virus FluBot, una trampa masiva que enviaba mensajes falsos sobre entregas de paquetes o avisos bancarios para infectar dispositivos móviles y extraer claves secretas.

En el contexto colombiano, las autoridades han desarticulado bandas dedicadas a duplicar portales bancarios reconocidos para engañar a los usuarios mediante llamadas automáticas y mensajes de texto, logrando capturar contraseñas en tiempo real para trasladar fondos hacia aplicaciones digitales en cuestión de minutos. Adicionalmente, los atacantes perfeccionan sus tácticas combinando correos fraudulentos con llamadas personalizadas, modalidad conocida como vishing, en la cual suplantan a funcionarios de soporte técnico para guiar a la víctima en la entrega de sus credenciales.

2. Los errores más frecuentes en la gestión de la seguridad

A pesar de las campañas de concientización sobre el incremento de estas estafas, es habitual incurrir en descuidos cotidianos que facilitan el acceso no autorizado a información personal:

  • Actuar bajo el impulso de la urgencia: Responder precipitadamente a mensajes que amenazan con suspender cuentas o aplicar cobros inmediatos, cediendo ante la presión psicológica diseñada por los atacantes.
  • Confiar ciegamente en la apariencia visual: Dar por sentado que un mensaje es legítimo solo por mostrar logotipos oficiales, colores institucionales o datos personales previamente filtrados en la red.
  • Asumir que la ciberseguridad es un tema terminado: Creer que haber creado una contraseña en el pasado resulta suficiente, olvidando que la protección digital exige una actualización constante frente a nuevas modalidades de engaño.

3. Buenas prácticas y responsabilidades para prevenir el fraude

Detener las estafas digitales requiere pasar de la reacción a la prevención mediante la combinación de soluciones tecnológicas efectivas y hábitos diarios de protección, lo que implica que en el ámbito corporativo las empresas asuman la responsabilidad de proteger a sus usuarios implementando mecanismos de autenticación en dos pasos, auditando constantemente sus sistemas para corregir fallas a tiempo y actuando con total transparencia frente a eventuales filtraciones, mientras que por su parte los ciudadanos podemos reducir drásticamente el riesgo adoptando medidas de autocuidado como digitar directamente las direcciones web de los bancos sin confiar en enlaces externos, usar contraseñas únicas para cada servicio y monitorear de cerca las alertas transaccionales e historial crediticio para reaccionar de inmediato ante cualquier anomalía.

4. De una llamada al desastre: la reacción en cadena de un fraude real

Para comprender el impacto de la falta de controles, analicemos el caso de María, una administradora de empresas que vivió la modalidad de fraude más recurrente en el país. Todo comenzó al recibir una llamada angustiosa donde un interlocutor, imitando la voz de un familiar cercano, le aseguró estar detenido tras un accidente de tránsito y necesitar dinero urgente para evitar un traslado judicial. Minutos después, mientras intentaba verificar la situación bajo intensa presión, recibió un mensaje de texto con un código de verificación que un supuesto funcionario bancario le solicitó por teléfono con el pretexto de bloquear su cuenta preventivamente.

Al entregar la clave dinámica, los atacantes tomaron el control de sus bancas móviles en segundos, transfiriendo sus ahorros hacia billeteras digitales y solicitando un crédito rotativo preaprobado a su nombre. Días más tarde, al presentar la reclamación para desconocer las transacciones, la entidad financiera emitió una respuesta no favorable argumentando que las operaciones se validaron con las credenciales correctas, obligando a María a escalar el caso ante la autoridad competente con bajas probabilidades de recuperar su dinero.

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